domingo, 18 de julio de 2010
sábado, 22 de mayo de 2010
Un corto camino al cielo.
Hacía mucho calor en esa caldera, ya los chamuscos de envoltorios de Tita y de Lenguetazo de Tuti Fruti empezaban a chorriar recuerdos que no quería vivir.
Entonces salí, por suerte se largó a llover y no tenía paragüas, necesitaba algo refrescante y picante.
Al primer bar que fui, me ofrecieron ese trago, sin el picante, aunque al ser ácido me hizo casi el mismo efecto. Salí y era otra persona, mucho más fría y con sentimientos, cargando un maletín lleno de dibujos de niños y crayones color almíbar.
Me imaginé todo lo que podía pintar con esos colores, desde almíbar de flan de coco hasta las patas de ese canario. Un canario, al principio me pareció raro, porque pensaba que sólo se tenían en jaulas hogareñas, entonces lo seguí con la mirada. En un momento lo perdí, se había parado dentro del ojo de una estatua de calabera, pero al minuto salió con todo para arriba, como si lo hubiesen llamado de urgencia.
Traté, traté de seguirlo con la vista, pero no había ido la semana pasada al oculista y seguía teniendo el 2.50 en cada ojo. La intriga me podía más que el estómago chillando entonces agarré una escalera que encontré por ahí, una de mármol gastada en el medio.
Subí, y subí mucho pero mis muslos ya ardían y mi sangre era aceite de bujías, entonces opté por el ascensor, hermoso sea de paso.
Me desperté, y no sabía si me había dormido hace 5 minutos u horas, sin embargo el ascensor seguía subiendo. Decidí pararlo, limpiarme la baba y salir.
Ahí estaba el canario comprando pintura blanca.
Entonces salí, por suerte se largó a llover y no tenía paragüas, necesitaba algo refrescante y picante.
Al primer bar que fui, me ofrecieron ese trago, sin el picante, aunque al ser ácido me hizo casi el mismo efecto. Salí y era otra persona, mucho más fría y con sentimientos, cargando un maletín lleno de dibujos de niños y crayones color almíbar.
Me imaginé todo lo que podía pintar con esos colores, desde almíbar de flan de coco hasta las patas de ese canario. Un canario, al principio me pareció raro, porque pensaba que sólo se tenían en jaulas hogareñas, entonces lo seguí con la mirada. En un momento lo perdí, se había parado dentro del ojo de una estatua de calabera, pero al minuto salió con todo para arriba, como si lo hubiesen llamado de urgencia.
Traté, traté de seguirlo con la vista, pero no había ido la semana pasada al oculista y seguía teniendo el 2.50 en cada ojo. La intriga me podía más que el estómago chillando entonces agarré una escalera que encontré por ahí, una de mármol gastada en el medio.
Subí, y subí mucho pero mis muslos ya ardían y mi sangre era aceite de bujías, entonces opté por el ascensor, hermoso sea de paso.
Me desperté, y no sabía si me había dormido hace 5 minutos u horas, sin embargo el ascensor seguía subiendo. Decidí pararlo, limpiarme la baba y salir.
Ahí estaba el canario comprando pintura blanca.
lunes, 1 de marzo de 2010
Digo nunca digo.
Nunca entraré en los brazos de mi padre.
Nunca me limpiaré en lodo.
Nunca comeré la misma manzana.
Nunca estaré en el país del Nunca Jamás.
Nunca bailaré como el polvo.
Nunca recordaré mi estado fetal.
Nunca tendré la cara de Natalie Portman,
ni la inteligencia de Einstein.
Nunca me reiré con mi abuela.
Nunca tendré superpoderes.
Nunca me quemaré comiendo helado.
Nunca repetiré mi primer beso,
tampoco el último.
Nunca leeré algo nuevo de Salinger.
Nunca se cambiará el color de mis ojos.
Nunca cenaré al mediodía.
Nunca tendré varicela, nunca más.
Nunca naceré.
Nunca me limpiaré en lodo.
Nunca comeré la misma manzana.
Nunca estaré en el país del Nunca Jamás.
Nunca bailaré como el polvo.
Nunca recordaré mi estado fetal.
Nunca tendré la cara de Natalie Portman,
ni la inteligencia de Einstein.
Nunca me reiré con mi abuela.
Nunca tendré superpoderes.
Nunca me quemaré comiendo helado.
Nunca repetiré mi primer beso,
tampoco el último.
Nunca leeré algo nuevo de Salinger.
Nunca se cambiará el color de mis ojos.
Nunca cenaré al mediodía.
Nunca tendré varicela, nunca más.
Nunca naceré.
martes, 19 de enero de 2010
domingo, 15 de noviembre de 2009
jueves, 1 de octubre de 2009
No sé.
Una semana en la que todos los días son lunes, martes, miércoles, jueves o viernes, no importa el orden o las repeticiones.
Una semana en la que mi cabeza es inteligente y a la vez egoísta cuando no deja llegarle la información a mis comunicadores. Hasta que un piquete general la hace reaccionar.
Reposada en una silla se estira levemente hacia atrás, agarra firme los apoya brazos, encoge los hombros, cierra los ojos y abre la boca imitando un gemido del mejor orgasmo, dejando escapar en una lágrima la mejor huída del abandono.
Una semana en la que mi cabeza es inteligente y a la vez egoísta cuando no deja llegarle la información a mis comunicadores. Hasta que un piquete general la hace reaccionar.
Reposada en una silla se estira levemente hacia atrás, agarra firme los apoya brazos, encoge los hombros, cierra los ojos y abre la boca imitando un gemido del mejor orgasmo, dejando escapar en una lágrima la mejor huída del abandono.
martes, 22 de septiembre de 2009
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