martes, 25 de octubre de 2011

Todo es blanco o negro.

El agua repiqueteó, los árboles se sacudieron y la nube Juan supo que algo estaba pasando.

A la vista, lo que se veía era agradable, una luz tiñendo una sombra, una zebra entremedio, una mancha tan poderosa que no podría haber salido con ningún jabón en polvo chino estaba siendo eliminada.

De a poco el té fuerte reposaba, las hormigas, con ramas de cerezo, se acercaban, el sol pedía permiso a las nubes para conseguir el lugar más alto y ver como un dulce y único pato negro se convertía en el constante y predecible cisne blanco.

martes, 5 de julio de 2011

Una vista que no deja ver.

La bandera roja, tenía una feroz pelea con el viento, una pelea sin fin, sin ningún ganador, pero incesante.
Al mismo tiempo el mar picadísimo carecía de olas, aunque rebalsaba en agua, agua que se escapaba por pequeñas alcantarillas un poco tapadas de rimmel.

De golpe algo se tapa y se infla, tal cual una vaca muerta en el campo, junta tanto aire como para sobrevivir un año y cae, como una catarata en sus mejores tiempos, llena de espuma de rabia, dolor de salpicada y tranquila como los pájaros que se bañan.

Alguien cambia la bandera por amarilla, temiendo y esperando que en cualquier momento esas palabras la conviertan en roja.

domingo, 16 de enero de 2011

La extraña, extraña.

La veía siempre ahí, con una expresión rara, no me atrevo a decir triste, rara.
Frágil como un pilón de cajas de mudanza, inocente como muchos creen y poco entienden y sensible como un lápiz cuando le sacan punta.
Un día ahí, iluminada por la lluvia (cuando está mas oscuro de lo que debería estar) seria y vestida con colores que atraían al arcoiris; me atreví a hablarle:
"Hola" - le dije.
"¿Hola, cómo estás?" - me respondió con los pómulos bien arriba.
"Bien, ¿y vos?, ¿Estás bien?.
"No, acabo de notar mi falta de alegría que todos mencionaban" - me dijo con calma y con una voz que costaba salir del medio de su garganta.

lunes, 4 de octubre de 2010

Lo mejor del día es acordarse de un lindo sueño.

Remontada tomando sol en un ala de avión que iba para Indonesia caigo en el Mar Rojo, inundada de burbujas. Mi nariz se siente cómoda, aspira aire al 10000% de humedad y le da a mis pulmones un empujón para llegar más profundo.
Toco fondo, me agarró de mis pies y disfruto el sonido a nada, a nadie, le regalo un par de gotas más al mar y me convenzo de que estoy haciendo algo bien, de que puedo ayudar a renovar los océanos, a limpiarlos y dar agua nueva para vivir.
Recuerdos de infancia, dolores de estómago, peleas con chicos, discusiones de trabajo, distancias de familia, todo lo malo que pueda recordar me ayuda a que el mar pueda darles de tomar.

domingo, 18 de julio de 2010

Un pato nadando en el cielo.

sábado, 22 de mayo de 2010

Un corto camino al cielo.

Hacía mucho calor en esa caldera, ya los chamuscos de envoltorios de Tita y de Lenguetazo de Tuti Fruti empezaban a chorriar recuerdos que no quería vivir.

Entonces salí, por suerte se largó a llover y no tenía paragüas, necesitaba algo refrescante y picante.
Al primer bar que fui, me ofrecieron ese trago, sin el picante, aunque al ser ácido me hizo casi el mismo efecto. Salí y era otra persona, mucho más fría y con sentimientos, cargando un maletín lleno de dibujos de niños y crayones color almíbar.

Me imaginé todo lo que podía pintar con esos colores, desde almíbar de flan de coco hasta las patas de ese canario. Un canario, al principio me pareció raro, porque pensaba que sólo se tenían en jaulas hogareñas, entonces lo seguí con la mirada. En un momento lo perdí, se había parado dentro del ojo de una estatua de calabera, pero al minuto salió con todo para arriba, como si lo hubiesen llamado de urgencia.

Traté, traté de seguirlo con la vista, pero no había ido la semana pasada al oculista y seguía teniendo el 2.50 en cada ojo. La intriga me podía más que el estómago chillando entonces agarré una escalera que encontré por ahí, una de mármol gastada en el medio.
Subí, y subí mucho pero mis muslos ya ardían y mi sangre era aceite de bujías, entonces opté por el ascensor, hermoso sea de paso.

Me desperté, y no sabía si me había dormido hace 5 minutos u horas, sin embargo el ascensor seguía subiendo. Decidí pararlo, limpiarme la baba y salir.

Ahí estaba el canario comprando pintura blanca.

lunes, 1 de marzo de 2010

Digo nunca digo.

Nunca entraré en los brazos de mi padre.
Nunca me limpiaré en lodo.
Nunca comeré la misma manzana.
Nunca estaré en el país del Nunca Jamás.
Nunca bailaré como el polvo.
Nunca recordaré mi estado fetal.
Nunca tendré la cara de Natalie Portman,
ni la inteligencia de Einstein.
Nunca me reiré con mi abuela.
Nunca tendré superpoderes.
Nunca me quemaré comiendo helado.
Nunca repetiré mi primer beso,
tampoco el último.
Nunca leeré algo nuevo de Salinger.
Nunca se cambiará el color de mis ojos.
Nunca cenaré al mediodía.
Nunca tendré varicela, nunca más.
Nunca naceré.